Interesante
En 1765, un mesonero apellidado Boulanger abrió en París una casa de comidas y a la puerta colgó el siguiente letrero: “Venid a mi casa, hombres de estómagos cansados, y yo os restauraré”. La frase tuvo tal éxito que, desde entonces, todas las casas de comidas se llaman “restaurantes”. Además debido a la fama de su repostería, Boulanger también es el “culpable” de que en Francia a las pastelerías se les llame “boulangeries”.
En la Edad Media eran tan frecuentes los envenenamientos que se popularizó la costumbre de chocar las copas al brindar. Así si el uno había puesto veneno en la copa del otro salpicaba en la de él y no se la bebía.
En la Grecia clásica, para saber si una mujer era estéril o no, se le colocaba un ajo en la vagina; y si al día siguiente le olía la boca a ajo, la mujer se consideraba fértil. De lo contrario, se creía que sus conductos vitales estaban tapados.
Durante la Edad Media, las prostitutas ejercía su oficio en su casa. No existía la publicidad pero ellas idearon un tablón de anuncios muy peculiar: para llamar la atención de sus posibles clientes colocaban un ramo de llamativas flores en la puerta de su vivienda. De ramo: ramera.
Los antiguos romanos cuando tenían que decir la verdad en un juicio, en vez de jurar sobre la Biblia como en la actualidad, lo hacían apretándose los testículos con la mano derecha. De esta antigua costumbre procede la palabra testificar.
La actriz del cine mudo Norma Talmadge, inició la tradición de grabar las huellas de sus pies en el Teatro Chino Grauman en la ciudad de Hollywood, cuando accidentalmente pisó en cemento fresco frente al teatro en 1927.
Las siete notas musicales proceden de las primeras letras del canto de las segundas vísperas de San Juan que dice así:
UT quaent laxis
REsonare fibris
MIra gestorum
FAmulituorum
SOLve polluti
LAbii reatum
Sancte Ioannes.
Su traducción del latín sería: “para que las maravillas de tus obras puedan resonar en la voz serena de tu siervo, limpia el pecado de su labio manchado oh San Juan”. Posteriormente los propios monjes transformaron el “Ut” por “do”.
La palabra “muchos” no existe en todos los idiomas, algo que ha dado lugar a curiosos malentendidos. Sin ir más lejos, en arameo, lenguaje en el que estaba escrita la antigua Biblia, carecía de una forma para decir “muchos” o “muchas”, por lo que se empleaba el número 40. Así, la frase “por 40 días” equivale a “por muchos días”. Lo mismo pasa con el Diluvio Universal o la leyenda de los 40 ladrones, que no eran 4 decenas, sino “muchos”.
Fuente: hmmm













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